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Como ocurre con los desgarros musculares, la hernia discal es una de esas lesiones que puede cambiar tu día a día de un momento a otro: levantarte con dolor, sentir que tu espalda “no responde”, notar un latigazo que baja por la pierna… Y, sobre todo, esa preocupación constante de no saber qué te pasa ni cómo vas a mejorar.
La buena noticia es que la gran mayoría de hernias discales tienen solución, especialmente cuando se aborda con un tratamiento de rehabilitación adecuado. Pero, primero, empecemos explicando qué es exactamente una hernia discal.
Contenido:
TogglePara entenderla hay que imaginar la columna como una estructura flexible formada por vértebras y pequeños “cojines” entre ellas: los discos intervertebrales.
Estos discos cumplen la función de amortiguar y permitir que la columna se mueva sin rozamiento. Cada uno tiene un centro más blando, parecido a un gel, envuelto por una capa más firme.
Con los años, las malas posturas, movimientos bruscos o esfuerzos repetidos, esta envoltura puede debilitarse. Así, cuando parte del núcleo interno sobresale hacia afuera y presiona un nervio, aparece la hernia.
La zona más habitual es la lumbar, aunque también es bastante frecuente en el cuello.
Una hernia discal no surge por un único motivo. Normalmente es la consecuencia de varios factores que, con el tiempo, van debilitando el disco hasta que termina sobresaliendo y comprimiendo un nervio. Estas son las causas más comunes:
Es la causa principal. Con la edad, los discos pierden hidratación y elasticidad, lo que hace que su “capa externa” sea más frágil y tenga más probabilidades de romperse. Por eso la hernia discal es especialmente común entre los 30 y 55 años.
Un gesto inesperado, girar el tronco de forma rápida o levantar un objeto pesado de manera incorrecta puede desencadenar la lesión si el disco ya estaba debilitado.
Pasar muchas horas sentado, encorvar la espalda, trabajar con malas posturas o dormir en posiciones que cargan la columna aumenta la presión sobre los discos.
Un core débil obliga a la columna a asumir más carga de la que debería. Con el tiempo, esa sobrecarga puede terminar dañando el disco.
Profesiones que implican cargar peso, empujar, transportar objetos o movimientos repetitivos elevan el riesgo, sobre todo si no se aplican técnicas de levantamiento correctas.
El exceso de peso aumenta la presión sobre la columna lumbar, especialmente cuando se combina con un estilo de vida sedentario.
Una caída, un golpe o un accidente pueden provocar una hernia aguda, aunque es menos frecuente que la degenerativa.
Algunas personas tienen predisposición a tener discos más frágiles o menos hidratados, lo que facilita la aparición de una hernia a edades más tempranas.
Los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra y no siempre se manifiestan de la misma forma.
El dolor es el síntoma más frecuente. Puede localizarse en la parte baja de la espalda o en el cuello, y suele intensificarse al inclinarse, estar mucho rato sentado, cargar peso o hacer movimientos bruscos. Algunas personas describen un dolor profundo, otras un pinchazo agudo.
Cuando la hernia comprime un nervio, el dolor puede viajar a lo largo de su recorrido. En la zona lumbar, baja hacia glúteo, muslo, pierna e incluso el pie (ciática). En la zona cervical, puede bajar por el hombro y el brazo (braquialgia). Es un dolor que muchas veces se siente “eléctrico” o ardoroso.
La presión sobre el nervio puede provocar sensaciones extrañas como cosquilleo, entumecimiento o zonas de la piel que parecen “dormidas”. Pueden aparecer en piernas, pies, brazos o manos, según la zona afectada.
Si el nervio implicado pierde capacidad de transmitir fuerza, ciertos movimientos se vuelven más difíciles. Puede costar levantar el pie, agarrar objetos, caminar con normalidad o mantener el equilibrio.
La musculatura alrededor de la columna suele ponerse tensa como mecanismo de protección. Esto provoca rigidez, dificultad para girarse, agacharse o levantarse de la cama, especialmente por la mañana.
Acciones aparentemente simples como toser, estornudar, reír o hacer esfuerzos aumentan la presión interna del disco y pueden intensificar el dolor.
Por otra parte, también es común sentir varios de estos síntomas, por lo que saber identificarlos es importante para no empeorar la situación.
Al igual que sus síntomas, el tratamiento de una hernia discal depende de cada persona, ya que no todas las hernias duelen igual ni evolucionan de la misma forma.
Dicho esto, el 90% de las hernias mejoran sin cirugía, siempre que reciban un tratamiento adecuado desde la rehabilitación de columna.
El primer paso es reducir el dolor que limita el movimiento y afecta al día a día. Durante esta fase, la fisioterapia actúa para relajar la musculatura tensada, disminuir la irritación del nervio y rebajar la inflamación.
Se utilizan técnicas manuales suaves, movilizaciones controladas de la columna y, si es necesario, terapias analgésicas. El objetivo es que la persona pueda volver a moverse sin miedo ni dolor intenso.
Cuando el dolor empieza a ceder, el siguiente paso es recuperar la funcionalidad. Aquí entra el ejercicio terapéutico, probablemente el pilar más importante de la recuperación.
Se trabaja el fortalecimiento del core, la estabilidad lumbar o cervical, la coordinación y la movilidad suave para ayudar al disco y a la musculatura a volver a desempeñar su función correctamente.
No se trata de “hacer ejercicio” como tal, sino de enseñarle al cuerpo a moverse sin provocar dolor.
La educación postural es una parte fundamental del tratamiento. Muchas hernias discales se agravan por hábitos que repetimos sin darnos cuenta: sentarse mal, cargar peso de forma incorrecta, pasar demasiadas horas en la misma postura o dormir en posiciones que sobrecargan la columna.
Revisar y corregir estos hábitos ayuda a mejorar y a prevenir recaídas en el futuro.
A medida que el dolor desaparece y la columna recupera su estabilidad, llega el momento de retomar las actividades normales: caminar más tiempo, trabajar sin molestias, volver al deporte o agacharse sin miedo.
Esta fase de rehabilitación funcional ayuda a que la persona recupere la confianza en su cuerpo y se mueva con seguridad.
En algunos casos, el tratamiento puede apoyarse con medicación antiinflamatoria, relajantes musculares o incluso una infiltración epidural cuando el dolor es muy intenso. Estas decisiones siempre debe tomarlas un médico.
La cirugía es la última opción y solo se valora cuando:
Aun así, esto ocurre en un porcentaje muy pequeño de casos.
Una hernia discal puede ser muy molesta, pero no tiene por qué condicionar tu vida. Con un diagnóstico adecuado, un plan de rehabilitación personalizado y el acompañamiento de profesionales, es posible recuperar la movilidad, reducir el dolor y volver a sentirte bien contigo mismo.
Y lo más importante: no tienes por qué enfrentarte al proceso tú solo/a…
En SQUMAT sabemos que una hernia discal no solo afecta a nivel físico, sino también emocional: el miedo a moverse, la incertidumbre sobre si el dolor volverá y la sensación de “no saber por dónde empezar” son muy habituales.
Por eso, lo abordamos desde dos pilares que se complementan entre sí: la fisioterapia especializada en lesiones deportivas y el entrenamiento personalizado.
Nuestro equipo de fisioterapeutas trabaja desde el primer momento en aliviar el dolor, reducir la inflamación y devolver movilidad a la columna con técnicas seguras y adaptadas a cada fase de la lesión. Nada se hace de forma automática: cada sesión se ajusta a los síntomas y al ritmo de recuperación de cada persona.
Pero el proceso no termina ahí. También contamos con entrenadores especializados en ejercicio terapéutico y movimientos funcionales, capaces de diseñar un plan de entrenamiento que fortalece el core, mejora la estabilidad y enseña a la columna a moverse de forma eficiente.
Por ello, si sufres de una hernia discal o sospechas que puedes tenerla, en nuestro centro de entrenamiento personalizado de Tetuán (Madrid) haremos que el dolor desaparezca y que vuelvas a tu vida diaria de siempre con confianza y sin miedo.
Te esperamos en Calle de Hernani, 49, 28020, Tetuán, Madrid, entre las estaciones de metro Nuevos Ministerios y Alvarado.
Y ante cualquier duda, recuerda que puedes rellenar el formulario: te responderemos encantados lo más pronto posible.

Entrenadora Personal & Readaptadora deportiva
Entrenadora personal y readaptadora con enfoque en el rendimiento y la prevención de lesiones. Especialista en readaptación deportiva, con amplia experiencia en la recuperación funcional de lesiones de cadera y espalda, ayudando a sus clientes a volver más fuertes y seguros a su actividad física. «Recupera tu movimiento, potencia tu rendimiento».