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Volver a la rutina después de las vacaciones cuesta. Después de unos días o semanas con horarios más relajados, menos obligaciones y bastante más libertad, regresar al trabajo, madrugar y recuperar el ritmo habitual puede hacerse pesado.
Es normal notar algo más de cansancio, falta de concentración o simplemente pocas ganas de volver a la rutina. A esta sensación se la suele conocer como síndrome postvacacional.
La buena noticia es que recuperar algunos hábitos puede hacer que la vuelta sea bastante más llevadera. Y uno de ellos es el ejercicio.
Volver a moverte, aunque sea poco a poco, te ayuda a recuperar energía, despejar la cabeza y volver a sentir que tienes control sobre tus horarios.
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ToggleEl síndrome postvacacional no es una enfermedad, sino una forma de describir ese periodo de adaptación que algunas personas atraviesan cuando terminan las vacaciones y vuelven a sus obligaciones habituales.
Puede manifestarse de formas muy distintas. Quizá te cueste levantarte por las mañanas, concentrarte en el trabajo o recuperar los horarios de sueño. También puedes sentirte más cansado, irritable o desmotivado de lo normal.
Generalmente, estas sensaciones desaparecen conforme pasan los días y recuperamos nuestras rutinas. Por eso, volver poco a poco a unos horarios estables de descanso, alimentación y actividad física puede ser de gran ayuda.
Cuando pensamos en volver a entrenar después del verano, solemos centrarnos únicamente en recuperar la forma física. Sin embargo, el ejercicio también nos ayuda a sentirnos mejor durante esa transición entre las vacaciones y la rutina.
Volver de vacaciones suele significar encontrarse de nuevo con correos pendientes, reuniones, horarios y tareas acumuladas.
Por eso, reservar un rato para entrenar te ayudará a cambiar el chip. Una sesión después del trabajo, por ejemplo, puede convertirse en ese momento que separa las obligaciones del resto del día y te permite liberar parte de la tensión acumulada.
Hacer ejercicio tiene efectos positivos sobre el bienestar y nos ayuda a afrontar el día con mejores sensaciones.
Además, hay algo especialmente satisfactorio en terminar un entrenamiento cuando no te apetecía demasiado empezar. Esa sensación de haber cumplido puede darte un pequeño empujón de motivación que también se traslade a otros ámbitos de tu rutina.
Durante las vacaciones solemos acostarnos más tarde, comer a horas diferentes y dejar de lado algunas costumbres.
Así, volver a entrenar en determinados momentos de la semana puede ayudarte a recuperar cierta estructura. Por ejemplo, decidir que vas a entrenar tres tardes a la semana ya te obliga a organizar mejor el resto de tus horarios. Poco a poco, esa rutina vuelve a sentirse natural.
Para volver a entrenar después del verano sin riesgo de lesionarte, lo razonable es reintroducir la actividad de forma escalonada, en lugar de volver directamente a tu nivel de antes del verano.
Sesiones cortas, de 20 a 30 minutos, y de intensidad moderada, 3 o 4 días. Puede ser tan sencillo como caminar a paso ligero, una sesión suave de fuerza con el propio peso corporal o una clase de intensidad baja-media.
Si el cuerpo ha respondido bien, puedes aumentar ligeramente la duración (hasta 40-45 minutos) o introducir algo más de intensidad. Es un buen momento para retomar el trabajo de fuerza con cargas moderadas, empezando por los mismos ejercicios de siempre pero con menos peso del habitual.
Ya puedes aproximarte a tu volumen de entrenamiento previo, ajustando según cómo te sientas. Es el momento de recuperar cargas, distancias o intensidades progresivamente, sin prisa por llegar de golpe a donde lo dejaste en julio.
Si venías de un verano activo (deporte, caminatas largas, natación), el ajuste será menor y puedes acortar estas fases. Pero, si el parón ha sido total, conviene ser todavía más gradual, sobre todo con el trabajo de fuerza y con actividades de impacto para las articulaciones, como correr.
No todas las actividades ayudan igual a superar el bajón de septiembre. En general, conviene priorizar:
Lo que menos ayuda, paradójicamente, son los entrenamientos de muy alta intensidad nada más volver: generan un desgaste que puede sumarse al cansancio acumulado del cambio de rutina en lugar de aliviarlo.
No existe una duración exacta. En muchas personas estas sensaciones desaparecen conforme pasan los primeros días y vuelven a acostumbrarse a sus horarios.
Recuperar progresivamente una rutina, hacer ejercicio, descansar bien y no intentar solucionar todo de golpe puede hacer que la adaptación sea más sencilla.
Si el malestar se prolonga durante varias semanas, es especialmente intenso o afecta de forma importante a tu día a día, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario.
Lo cierto es que septiembre es un buen mes para volver al gimnasio si tenemos en cuenta los siguientes factores:
En Squmat vemos todos los años el mismo patrón: septiembre trae buenas intenciones, pero también planes demasiado ambiciosos que se abandonan a las pocas semanas.
Por eso, cuando alguien vuelve a entrenar después del verano, empezamos por una valoración inicial: cómo ha sido tu descanso, tu nivel de actividad durante las vacaciones, si arrastras alguna molestia que requiera de fisioterapia deportiva y cuál es tu punto de partida real.
A partir de ahí diseñamos una progresión adaptada semana a semana, sin exigirte de más ni hacerte perder tiempo con rutinas genéricas copiadas de otra persona.
Como gimnasio especializado de Madrid, ofrecemos entrenamiento personal, entrenamiento en pareja y entrenamiento en grupos reducidos.
No dejes que septiembre y el síndrome postvacacional puedan contigo: apúntate a nuestro centro de entrenamiento personal y recupera la forma física con la motivación y el seguimiento profesional que necesitas.
Nos encontramos en Calle de Hernani, 49, 28020, Cuatro Caminos, y recuerda que puedes hacernos cualquier consulta a través del formulario. ¡Te esperamos!

CEO & Entrenador Personal
Especialista en salud con más de 10 años de experiencia en el sector. Mi objetivo es que sumes vida a los años a través de mis programas de entrenamiento de fuerza y pérdida de grasa, readaptación de lesiones y entrenamiento en personas de edad avanzada.